Biarritz es sin duda una ciudad de ensueño donde el tiempo parece haberse detenido a principios del siglo XX.
Quizá en verano, cuando el tiempo es más agradable, hay más gente de vacaciones y los días son laaaaaargos, Biarritz es el paraíso del surf, pero en esta época del año, es una ciudad coqueta y aristocrática reservada para aquellos que aprecian los detalles.
Empezar el día desayunando en
Miremont es un placer que no puedes perderte. Sólo viendo su letrero te puedes hacer una idea de lo que encontrarás dentro. Si tienes suerte y coges el sitio frente al ventanal, tu desayuno será mucho más especial, tanto que creo que este sitio merece un post aparte para poder contároslo al detalle ;) Sólo os digo que a la Reina Amelia de Portugal le encantaba tomar el té en esa mesa, para "tener el océano a sus pies".
Después de disfrutar del desayuno nada mejor que un recorrido por las tiendas de productos de la zona que parecen salidas de un cuento. Primer destino, una quesería.
Entramos en Mille et Un Fromages y el dependiente nos recibió con una efusivo "¡Bonjour madame, bonjour monsieur!" y la más amplia de las sonrisas. Así da gusto, así que despues de probar todos los quesos que nos ofreció el amabilísimo señor, hicimos acopio de unas cuantos del Pays (Basque)
Justo enfrente,
Maison Arosteguy, casa de delicatessen donde la variedad de tés y lo imaginativo de las mezclas me hicieron salir cargada con unos cuantos: caramelo, earl grey imperial, una variedad de ciruela francesa de la que no recuerdo el nombre... Además de foie canard y piment d'espelette
En la misma calle (AvenueVictor Hugo) puedes encontrar numerosas bodegas. Yo soy más amante del vino español que del francés, así que decidí llevarme sólo el que tomé con las comidas.
Después de esto, paseito por la costa para llegar hasta
Chez Albert, un sitio con solera más que recomendable para comer en la zona del puertecito de pescadores. Marisco fresco y pescado, por supuesto. El tiempo era agradable, así que disfrutamos de la terraza.
Y para bajar la comida, nada mejor que pasear por las enooooormes playas de Biarritz hasta llegar al faro. La vista de los edificios es preciosa: el palacio que construyó Napoleón para veranear con toda la corte (no se que barbaridad de gente veraneaba allí, porque es inmenso!) y que ahora es un hotel, la iglesia rusa, el emblemático casino, los múltiples palacetes... Toda la ciudad es de lo más agradable para pasear, pero no hay que perderse la costa, de punta a punta.
Ya de vuelta, no podemos olvidarnos de recorrer la Avenida de la Emperatriz y hacer algunas compras. Encuentras una oferta amplia de tiendas multimarca, pero nada de diseñadores españoles (mira que estamos cerca)
Toca ducha y ponernos guapos para disfrutar de una cena frente al mar en Le Relais Miramar.
Un día perfecto, próxima parada: Saint Jean de Luz.